“Sacar lo nuevo y lo viejo del tesoro de nuestra casa”

«Ustedes son el presente de la Orden»

Actualidad

Intervención del Ministro General Post-Capítulo de las Esteras «Under Ten» – UCLAF «Todos ustedes son hermanos» (Mt 23,8) 9 de septiembre de 2026

Queridos hermanos, ¡el Señor les dé la paz!

Los alcanzo a través de esta pantalla, pero el corazón es el mismo de Asís. Saludo con afecto a los hermanos de toda América Latina, del Centro y del Sur del continente. Algunos de ustedes estuvieron sentados en aquellas esteras en julio; muchos otros no. A todos les digo lo mismo: el Capítulo no pertenece a los pocos que participaron, les pertenece a ustedes, a los frailes «Under Ten» de toda la Orden. Este encuentro no es el final de un evento concluido: es la etapa que sigue, y sirve para no dispersar lo que hemos recibido.

Conviene recordar de dónde venimos. Este camino no nació en Asís. Comenzó en los Pre-capítulos, cuando cientos de ustedes trajeron preguntas, cansancios y propuestas; pasó por los días de Asís, donde aquella voz se hizo discernimiento común; y hoy llega aquí, en los Post-capítulos. Hay un impulso en todo esto, y no quiero que se apague. Las gracias se guardan poniéndolas en circulación, no reservándolas.

No repetiré el Mensaje final: es de ustedes, lo escribieron ustedes, y habla por sí solo. Prefiero devolverles las tres consignas que confié al Capítulo, para que las lleven a la vida concreta de sus fraternidades.

La primera: cuiden el centro. Reconocieron con honestidad que la tentación más sutil no viene de fuera. Es el activismo que vacía, el hacer que ocupa el lugar del ser. Antes de preguntarse qué hacer, pregúntense ante Quién están. Un fraile que reza no huye de la realidad: vuelve a ella con ojos nuevos. Sin este centro, hasta las mejores obras se desgastan.

La segunda: cuiden los vínculos. Pidieron fraternidades que sean casa y no sólo estructura; el valor de decir los cansancios y las heridas sin temer el juicio; los pequeños gestos que ninguna programación puede sustituir: preguntar por el hermano, compartir la mesa, no dejar solo al que sufre. Son gestos mínimos, pero sostienen todo lo demás. Y quien entre ustedes reciba un servicio de autoridad, recuerde lo que ustedes mismos escribieron: se gobierna caminando con los hermanos, mirando primero al hermano y después su problema.

La tercera: cuiden lo humano. Miraron la cultura digital y la inteligencia artificial sin miedos paralizantes y sin ingenuidad. En medio de máquinas que generan palabras, eligieron cuidar lo que está vivo: las relaciones, lo frágil, lo imperfecto, lo que nace de la experiencia. Ningún algoritmo sustituirá el tiempo pasado ante el Señor, ni la carne de un encuentro. Habiten esos lugares como menores, con sobriedad.

Estas consignas tienen aquí, en América Latina, un rostro concreto. Muchas de sus Provincias viven cerca del pueblo, de su piedad popular, en medio de muchos cambios sociales y políticos, la pobreza y de una injusticia extendida. No lo vivan como una desventaja: es precisamente ahí donde nuestro carisma tiene mucho que decir. Francisco no se acercó a los pobres desde arriba, para resolverlos; compartió su vida, se hizo menor entre ellos. La piedad popular no es una fe de segunda: es el modo en que los sencillos guardan el Evangelio y nos abren una mirada nueva. Acompáñenla, purifíquenla cuando haga falta, pero ante todo respétenla y déjense evangelizar por ella. Ser menores en contextos de injusticia significa ponerse del lado de los últimos sin buscar poder, denunciar sin dureza, consolar sin resignación.

Sé también que sus Entidades son muy distintas entre sí. Algunas tienen vocaciones y energías; otras envejecen, disminuyen, cargan cansancios y a veces la sensación de estar en declive. Quiero decirles una palabra a unos y a otros. A quien vive en una Provincia frágil: no midan su fecundidad por los números. La misión no depende de que sean muchos, sino de que sean fieles y estén unidos; y no están solos. A quien tiene más fuerzas: esas energías no son una propiedad, son un don para compartir. La tentación del que está en dificultad es cerrarse; la del que es fuerte, bastarse a sí mismo. El remedio para ambas es el mismo: sentirse Orden, caminar juntos.

Por eso les pido algo muy concreto: busquen entre ustedes formas estables de contacto y de intercambio. Compartan experiencias de formación, acojan a hermanos de otras Entidades, sostengan los proyectos interprovinciales, la misión dentro del propio continente, el acompañamiento de las fraternidades más pequeñas. No esperen a que lo organicen las estructuras: empiecen por vínculos reales entre ustedes, por conocerse y no perderse de vista. Una Provincia que da y una que recibe se salvan las dos: la que da, del repliegue sobre sí misma; la que recibe, del aislamiento.

Y aquí viene mi deseo, que es también una petición. En estos meses se mostraron miembros activos y propositivos de la Orden y de sus Entidades. No fue un momento excepcional para archivar: es su vocación. Deseo que esto continúe y crezca. No esperen a que sean los años los que les den derecho a hablar. No son el futuro de la Orden que hay que conservar a la espera: son el presente de la Orden, con sus dones y también con sus fragilidades. Tomen la palabra en los capítulos locales, ofrezcan propuestas, asuman responsabilidades. La Orden necesita que lo hagan ahora.

Les pido, sin embargo, que vivan este regreso como testigos, no como veteranos que recuerdan. Un veterano cuenta lo que fue; un testigo vive hoy lo que recibió. No tienen que llevar programas: lleven un estilo. Empiecen por lo poco que está a su alcance: un modo nuevo de estar en la oración común, una palabra sincera en el capítulo local, un hermano anciano escuchado con calma, un vínculo concreto con una fraternidad de otra Entidad. Son pasos pequeños, pero así echa raíces un estilo.

Y no caminen solos. Para esto sirven los Post-capítulos: mantener encendida la red de fraternidad que Asís encendió, seguir discerniendo juntos, sostenerse mutuamente. El camino hacia el Capítulo general de 2027 será tanto más fecundo cuanto más cada uno de ustedes lo sienta como propio. Búsquense también más allá de estas citas. La fraternidad no se conserva por correspondencia: se mantiene viva encontrándose.

Les doy gracias, hermanos. Lo digo también por mí: aquellos días me hicieron bien y alimentaron mi esperanza. Sé que el Espíritu sigue suscitando vida en nuestra Orden, y en ustedes veo un signo de ello.

Confío a cada uno de ustedes y a sus Entidades a la protección de san Francisco y de santa Clara, y los bendigo con las palabras que Francisco dio al hermano León: el Señor los bendiga y los guarde; les muestre su rostro y tenga misericordia de ustedes; vuelva hacia ustedes su mirada y les dé la paz.

Vayan: son hermanos, y el mundo necesita verlos así.

¡Paz y bien!

Fr. Massimo Fusarelli, OFM Ministro general

Fotos: https://ofm.org/es/home.html