“Sacar lo nuevo y lo viejo del tesoro de nuestra casa”

Mozambique: en la búsqueda de la paz

Actualidad

Fray Eduardo Zatti . Versión Español y Portugués  

Mozambique es un hermoso país con cerca de 31 millones de habitantes. Desde hace ya treinta años vive en paz, después de dos guerras en muchos años que dejaron un millón de muertos una colonia portuguesa, así como otros países africanos: angola, guinea Bissau, Cabo Verde y Sto. Tomé y Príncipe.

Junto con los colonizadores europeos que iban a África en busca de oro, diamantes y otros bienes materiales, iban también los misioneros en busca de almas para el reino de Dios, o sea para anunciar la buena noticia de Jesucristo. El mismo San Francisco Javier, patrono de las misiones, enviado por el Rey de Portugal a la India; fue primero por la Isla de Mozambique donde quedó unos 8 meses. Allí se levantó un altar donde se celebró la primera misa del país. Este hecho trascendental quedó como el inicio de la evangelización de Mozambique. Desde entonces fueron muchos los misioneros, sacerdotes diocesanos, laicos y religiosos/as de diferentes congregaciones. Los franciscanos llegaron en 1898. Así se fue evangelizando todo Mozambique. Mientras tanto, en 1951 pasó a ser una provincia portuguesa de Ultramar.

Ahora, los mozambicanos suspiraban por la liberación del dominio colonial. Era normal, todo pueblo tiene el derecho inalienable de ser el protagonista de su destino. Entonces surgió un grupo armado y patriótico – FRELIMO – que luchó por la independencia desde 1964. La Iglesia, respetaba los ideales de independencia y hasta hubo obispos portugueses que los apoyaban, como Don Sebastián Suárez de Resende, de Beira y Don Manuel Vieira Pinto, de Nampula. Pues los principios de libertad que buscaban estaban bien, pero los medios estaban errados. Es decir, las orientaciones marxistas-leninistas que seguían la FRELINO. Según ellos la lucha por la independencia debía incluir la lucha contra toda religión. Se debía borrar toda idea religiosa y hasta la existencia de Dios debía ser negada, cosa impensable para todo pueblo africano. Las escuelas, hospitales y otros bienes de la iglesia fueron nacionalizados. Las iglesias debían quedar cerradas. Un sacerdote de Beira fue llevado preso por el “crimen” de haber tocado la campana de la iglesia.

Las autoridades del gobierno visitaban las escuelas para tener la certeza de que nunca se hable de Dios. Que una persona tuviese la biblia en la mano, o fuese vista de concurrir a una iglesia era motivo para perder su empleo. Muchos religiosos/as y sacerdotes fueron expulsados del país por ser portugueses; o por haber cometido el “crimen” de haber reunido un grupo de jóvenes de su comunidad, como un padre salesiano de Tete, que tuvo que huir del país en 24 horas por ese motivo. Y hasta en los funerales estaba prohibido nombrar a Dios. Varias veces, los militares acompañaban a “sus camaradas” muertos en el servicio de la patria hasta la sepultura, y mandaban a los familiares que los enterrasen sin oraciones, porque “Dios no existe.” Sin embargo, los familiares, con las flores en las manos volvían a sus casas. Pero, cuando los militares se habían retirado volvían a la sepultura y depositaban sus flores con canticos y oraciones. Es que, según decía Don Manuel V. Pinto: “la revolución acabó con las misiones, pero comenzó la misión de la Iglesia.” Pues el Espíritu Santo hizo nacer las pequeñas comunidades cristianes que surgían por todos lados en el campo y en la ciudad.

Después surgió otro grupo armado: RENAMO, que pretendía minimizar la dictadura de FRELIMO y llevar al país a una democracia abierta y pluralista. Y así la guerra ya no era contra el colonialismo extranjero, sino entre los mismos mozambicanos, una lucha entre hermanos. Vale recordar una vez mas que el fin no justifica los medios. Esto hizo decir a Don Felipe Governo, obispo emérito de Quelimane, en una carta Pastoral: “si en los ojos vi ansia de paz, vi también marcas de sufrimiento que fueron ejecutadas por las intervenciones de hombres y mujeres, jóvenes y viejos. Es el sufrimiento que las dos fuerzas en conflicto (FRELIMO y RENAMO) causan al pueblo y en el pueblo.” Decían que los soldados de FRELIMO raptan personas, queman casas, roban bienes de la población y hasta violan a chicas de 11 o 12 años.

Mientras tanto la iglesia continuaba la obra evangelizadora con los pocos sacerdotes nativos y algunos misioneros que habrían quedado; dando prioridad a la formación de lideres laicos, que teniendo en cuenta las opciones emanadas de la 1ra Asamblea Nacional de Pastoral después de la independencia en 1977, que eran:

  1. Suscitar y animar las pequeñas comunidades cristianas
  2. Valorizar los ministerios laicales.
  3. Infundir en los cristianos el compromiso social para la verdadera reconstrucción del país.

En ese tiempo fueron consagrados los primeros cinco obispos nativos, entre los cuales se encontraban Don Alexandre José María dos Santos; el primer religioso franciscano, el primer sacerdote, el primer obispo y cardenal nativo. Se comenzaba a usar en la liturgia las lenguas autóctonas, cantos con instrumentos musicales y danzas. La iglesia se iba fortaleciendo y de a poco mostraba un rostro mozambicano.

Los mártires de Guiua

A fines de la década de los 80, las fuerzas beligerantes estaban en la búsqueda de la paz, cuya tramitación duró tres largos años. Y a pesar del riesgo de la guerra, un grupo de laicos valientes decidieron ir al Centro de Promoción Humana en Guiua, en la diócesis y provincia de Inhambane y quedarse un tiempo para un curso de Catequesis. Los futuros catequistas con sus esposas y sus hijos fueron con mucho entusiasmo; pero en la noche del primer día fueron todos martirizados por los agentes de la guerra, a golpes de machetes. En total eran 23 personas. Fue una masacre terrible y tal vez fue la ultima de esa guerra fratricida. La diócesis de Inhambane perdía sus mas fuertes y valerosos catequistas; pero la Iglesia en Mozambique contaba desde ahora con sus primeros mártires. El 22 de marzo de este año se celebraron los 30 años de ese heroico martirio.

Llega la paz

El 4 de octubre de 1992 se firmaban en Roma los Acuerdos Generales de Paz entre las fuerzas beligerantes (FRELIMO-RENAMO) con la mediación de varios obispos mozambicanos y la comunidad de San Egidio. En 2002, después de 10 años de paz; y que los obispos mozambicanos decían que la paz como don de Dios venia para quedarse, el Gobierno decreto que, en adelante, el 4 de octubre sería feriado nacional; y que para nosotros y para la Iglesia universal es el día de San Francisco de Asís, el santo de la paz. Así que el próximo 4 de octubre se celebrarán los 30 años de paz.

De a poco la iglesia se iba haciendo mas fuerte y libre. El gobierno fue devolviendo algunos bienes de la iglesia. Los misioneros volvían al país; y también nuevos grupos de misioneros de diferentes congregaciones y laicos entraban por primera vez a Mozambique para que juntos con lo que ya estaban continuasen la obra evangelizadora.

El día 2/2/2002 hubo un evento religioso muy significativo en la ciudad de Beira: la primera Oración Publica Ecuménica e Interreligiosa. Efectivamente en el pabellón de deportes de básquetbol de la ciudad se llevó a cabo esa oración, pidiendo a Dios por la paz; respondiendo así al llamado del recordado papa San Juan Pablo II, después de los atentados terroristas del 11/9/2001. Habían concurrido muchísima gente creyente de las diferentes religiones principales de Beira: católicos, cristianos de diferentes iglesias protestantes, hinduistas y musulmanes. Cada comunidad tenia su pastor, que era la persona que dirigía la oración. Así lo hizo Don Jaimes P. Gonçalvez, en ese tiempo arzobispo de Beira, en nombre de la comunidad católica.

El mismo presidente de la Nación, en ese tiempo, el Sr. Joaquín Chissano se casó por la iglesia. Lo mismo hicieron otros católicos del gobierno nacional y aún otros de gobiernos provinciales y municipales.

El 25 de junio de 2005 se celebraron los 30 años de la independencia del país; el presidente de la nación, que era el Sr. Armando E. Guebuza, para conmemorar ese hecho tan significativo en un acto cívico, en la plaza principal de Maputo pidió a todos los lideres de las religiones mayoritarias del país que dirigieran una oración a Dios por la paz y por la Patria. Don Francisco Chimoio, Arzobispo de Maputo rezó la llamada oración de San Francisco: Señor haz de mi un instrumento de tu paz”.

La iglesia todavía tiene un largo camino para andar, pero está floreciente y viva; con cerca del 48% de la población mozambicana.

Las fuerzas que fueron utilizadas para apagar toda religión solo sirvieron para reforzarlas. Por es, pensé cómo es verdad que muchas veces Dios escribe derecho en líneas torcidas.

Lamentablemente, después de casi 30 años de paz, ahora está padeciendo otra vez enfrentamientos armados; sobre todo en el norte del país.

Aguardamos la esperanza de que por intercesión de san Francisco, vuelva otra vez a todo Mozambique la tan ansiada paz.

Versión en portugués  

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