“Sacar lo nuevo y lo viejo del tesoro de nuestra casa”

En el cierre del año dedicado al Beato Esquiú se destacó su figura como pastor, peregrino y artífice de la unidad

Actualidad

El 10 de enero de 2022 fue la clausura del año pastoral dedicado al Beato Fray Mamerto Esquiú, en Catamarca junto a la Virgen y en El Suncho, lugar donde Esquiú murió hace 139 años.

En la última jornada, se realizó una caravana con la imagen del Beato Esquiú desde la parroquia San José de Piedra Blanca, su tierra natal, hasta el Santuario mariano, donde se llevó a cabo la Santa Misa, presidida por Fray Emilio Andrada, Ministro de la Provincia Franciscana de la Asunción de la Santísima Virgen del Río de La Plata (Argentina-Paraguay), y concelebrada por el Rector de la Catedral Basílica y Santuario, Pbro. Gustavo Flores; y los sacerdotes de la comunidad franciscana de Catamarca, Fray Eligio Bazán y Fray Pablo Reartes.

En tanto en El Suncho la misa fue presidida por Mons. Luis Urbanc, y concelebrada por el Vicario General, Pbro. Julio Murúa; el párroco anfitrión, Pbro. Domingo Chaves; y sacerdotes del clero catamarqueño.

Compartimos la homilía de fray Emilio Andrada predicada en la Catedral de la diócesis de Catamarca.

 

Queridos Hermanos y Hermanas:
Nos hemos reunido en esta Catedral de la Diócesis de Catamarca para, juntos, dar gracias y cerrar un año dedicado a profundizar sobre el testimonio y el legado del ahora
Beato Mamerto Esquiú. El objetivo de este tiempo fue “profundizar en el conocimiento del fraile, su vida de santidad y destacar su compromiso ciudadano y evangélico”1

Para ello, se organizaron distintas actividades culturales, educativas, deportivas y religiosas a fin de que los fieles y devotos puedan conocer, homenajear y demostrar su cariño al fraile y obispo franciscano. También se eligió el lema que rigió todo el año, que fue el mismo que se escogió para el día de su beatificación: “Fray Mamerto, pastor y peregrino, testimonio de unidad”. Por eso, en esta ocasión, partiendo de la Palabra escuchada, reflexionaremos brevemente sobre estos aspectos que destacó el lema durante el año.

Hemos escuchado el Evangelio, en el que se percibe al Señor, como el único Pastor, Peregrino que va dando un mensaje de Unidad, cuando dice: “Jesús se dirigió a
Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo ´El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia.” (Mc 1, 14.s). A la vez, invitaba a unos hombres, simples pescadores, a que lo siguieran, prometiéndoles que llegarían a ser pescadores de hombres. Y ellos lo siguieron, dejándolo todo
inmediatamente. Todavía nos sorprende la prontitud de la respuesta de estos hombres, y la constancia en mantenerla hasta el final de sus vidas.

En consonancia con esto, recordamos lo que Mons. Luis Hurbanc dijo, al iniciar el año dedicado a Esquiú: “Mamerto Esquiú –dijo- es uno de aquellos que, escuchando
la voz de Jesús, lo dejó todo para seguirlo, ya desde el comienzo de su vida, en el seno de su familia.” De modo, entonces, que podemos afirmar que desde muy temprana edad estaban en el Beato Mamerto Esquiú, las cualidades de pastor, peregrino y artífice de la unidad.

Para destacar la figura de Esquiú como pastor, quiero citar a un gran Padre de la Iglesia, San Gregorio Magno, en su obra “Regla pastoral”, pues ilumina adecuadamente
la imagen pastoral de nuestro Beato. Decía este gran papa:

Quienes están siempre atentos al ministerio de la predicación, no se aparten jamás del estudio de la Sagrada Escritura…Esto quiere decir que, cuando el
pastor recibe de sus súbditos el pedido de algún bien espiritual, sería vergonzoso que recién fuera a aprender cuando debería resolver la cuestión.2

Y ciertamente, quien conozca mínimamente la vida del Beato Esquiú, sabe que él siempre estuvo atento a escudriñar en las Sagradas Escrituras, en el silencio del claustro,
no por un fin simplemente erudito, sino para conocer y amar más profundamente a Dios, y poderlo expresar luego con su vida y palabra en el ministerio de la predicación.

De hecho, son sus sermones los que le dieron notoriedad pública, no sólo en el ámbito de la Iglesia, sino en el ámbito civil.
En otro pasaje de su Regla pastoral, dice San Gregorio: Hay algunos que aspiran a la gloria de la dignidad, bajo la apariencia del gobierno de la comunidad cristiana…Estos no pueden administrar dignamente el oficio pastoral que han recibido, porque han llegado al ministerio de la humildad por el camino del orgullo. 3

También aquí vemos que el Beato Esquiú, no aspiró a la dignidad pastoral, más bien la rechazó cuanto pudo, salvo en el caso que le constara que el cargo de obispo que
se le ofrecía, venía realmente dado como voluntad de Dios. La humildad pastoral de Esquiú es quizás lo que le valió el cariño y admiración de ricos y pobres, de ilustrados y simples, incluso de fieles fervorosos y otros menos firmes en su fe, porque lo único que él procuraba, era sólo servir a los demás para que se convirtieran y se hicieran discípulos del Señor.

En cuanto al testimonio de Esquiú como peregrino, podría sernos suficiente ir a un itinerario de los muchos lugares que lo vieron pasar durante su no tan prolongada vida:
desde luego Catamarca, en toda su geografía. San Juan, Salta, Bolivia, Ecuador, San Lorenzo, en Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires, Roma, Tierra Santa… Córdoba.. y
Catamarca, finalmente, en Pozo del Suncho, donde entregó su alma a Dios. Sin embargo, no es a este tipo de peregrinaje exterior al que me voy a referir, sino un tipo de peregrinaje o camino interior. Decía un gran autor:

“…en la medida en que el alma se unifica, descubre la dirección a seguir, descubre que le corresponde buscarla. Así es que se pone al servicio del bien, o a servir para el bien.” 4

Es verdad, sólo el alma interiormente unificada, sabe en qué dirección debe orientar su vida, su camino, su peregrinar. Se trata de esa capacidad que seguir “la propia
voz interior”, que, como sensatos y prudentes, sabremos poner a consideración de otras personas autorizadas espiritualmente. Y en esto, el Beato Esquiú, fue un verdadero
peregrino, pues nunca hizo lo que se le ocurría, sino que cada paso en su camino de la vida fue fruto de una profunda y sincera reflexión ante el Señor, y contando con la
mediación de la necesaria consulta a sus superiores. Para él, seguir a Jesús, era estar dispuesto también a “dar la vida”, lo cual nos consta por su desempeño tanto como fraile sacerdote, como obispo y pastor. No le faltaron momentos difíciles, según se verifica en sus escritos, pero nunca bajó los brazos, y supo levantarse y volver a caminar.
Finalmente, referimos la vida de Esquiú, como testimonio de unidad.

También aquí podríamos hablar de sus discursos y de su empeño en concientizar a los habitantes de esta tierra nuestra de la imprescindible consigna de unidad, para poder alcanzar el loable fin del bien común. Sin embargo, prefiero enfocar el tema desde la interioridad. Dice San Juan Clímaco, un monje del desierto: Cuando un hombre está completamente unido a la caridad divina, incluso el aspecto exterior de su cuerpo, como un espejo, refleja el esplendor de su alma. Y algo de esto es lo que se percibía en Esquiú, un hombre íntegro, unido interiormente con un solo fin. Es que él supo preguntarse: ¿Con qué objetivo voy a elegir mi camino particular? ¿Para qué voy a unificar mi ser?

La respuesta fue que no sería para su propio bien. Él supo tomarse a sí mismo como punto de partida, pero no como objetivo final, sino que unió todo su ser al servicio de los demás.6

Nadie da lo que no tiene, dice un conocido refrán. Y nuestro beato, inspiró la unidad porque estaba unido interiormente en cuerpo, alma y espíritu al Señor.
Entonces sí, podremos valorar que la mejor forma de vivir es convivir, y una convivencia cuidada, “como se cuida una obra de arte, sería la cima del universo.”7

Sabemos que la ley de Cristo es la caridad en la unidad, y que solamente llegan a cumplirla aquellos que no la quebrantan ni aun cuando son maltratados.8

Ayer el Beato Esquiú, como hoy nosotros, estamos llamados a unirnos escuchando el grito de los pobres para desafiar las estructuras de pecado que crean y perpetúan esta situación. Sabemos que eso no podemos hacerlo solos, por nuestra fragilidad e inconsistencia interior, pero unidos, apoyándonos unos a otros, somos capaces de lograr que algo cambie.9

Hemos repasado los tres aspectos del Beato Esquiú como pastor, peregrino y testigo de la unidad. No nos gloriemos de eso, sino, más bien, pongamos algo de eso en práctica en nuestras propias vidas, según las posibilidades de cada uno. Porque también nosotros podemos practicar la humildad en tanto vamos teniendo conciencia de la grandeza inherente a nuestras personas y a nuestro destino, grandeza que sólo debemos – como el Beato Mamerto Esquiú- a la gracia de Dios.10

¡Que el Señor les dé su paz!

En este link descarga la homilía en pdf

En Catamarca

En El Suncho

 

1 Mons. Luis Hurbanc, Homilía de la apertura del año.
2 San Gregorio Magno, Regla Pastoral, 2da parte – Cap. 11

3 San Gregorio Magno, Regla Pastoral, 1ra parte – Cap. 1
4 Martín Buber. Imágenes del bien y del mal. P.176

5 S. J. Clímaco, La Santa Escala, esc. 30, N° 17
6 Cf.: Martín Buber. Imágenes del bien y del mal. P.105
7 Ortega y Gasset
8 Cf.: San Gregorio Magno, Regla Pastoral, 3ra parte – Cap. 9
9 Cf.: Cap. Gral. OFM 2015, n° 16
10 Cf.: Guardini R. El Señor. Ed. Patmos, págs. 573-585

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