“Sacar lo nuevo y lo viejo del tesoro de nuestra casa”

Beatificación. Saludo de la Provincia San Francisco Solano

Actualidad

ProM 54 /21 Mar del Plata, 4 de septiembre de 2021

Beatificación de Fray Mamerto Esquiú OFM

Basta una primera lectura del Sermón que Fray Mamerto Esquiú ofm pronunció en la Iglesia matriz de Catamarca el 9 de julio de 1853, para quedar fuertemente sorprendido por su erudición, su
capacidad de leer los eventos de ese presente y su enérgico compromiso con la defensa de lo que considera fundamento -sine qua non- de la verdadera libertad para habitantes del suelo argentino.

Por otra parte, al escuchar testimonios de la simplicidad de su presencia, de la sencillez con la que se pone al alcance de quien lo necesita, de la resistencia a títulos y responsabilidades que lo pondrían en lugares de conducción, surge la pregunta: ¿es posible que se trate de la misma persona? ¿cómo se hace para que pueda convivir tanta pasión y humildad en la fragilidad de nuestra vasija (cfr. 2Cor 4,7)?

Seguramente, este sábado 4 de septiembre, día en que se realiza la ceremonia de beatificación de Fray Mamerto Esquiú, es un momento más que oportuno para volver nuestra mirada atenta hacia
la figura de este Hermano que, silenciado o silenciosamente durante más de 130 años, mantiene la fuerza fecunda de su paso por tantos lugares.

Mamerto Esquiú, hace poco más de un siglo y medio, pudo ver en un mismo y único evento, la doble manifestación de una única realidad: reconoce en la “independencia” el árbol del bien y del
mal… Permítanme citarles la justificación de esta afirmación: “…ella rompió, es verdad, el lazo que nos unía al usurpador; pero también engendró la desunión entre nosotros; y esa sola ruptura con su triste consecuencia fue nuestro estado normal, la ensalzamos sobre la patria misma, sobre todo gobierno y buenas costumbres, y nos lanzamos con el ardor de las fieras al combate del egoísmo individual…”

Se dice de Francisco de Asís, que tenía la capacidad de ir a la raíz de las dificultades, sin lugar a dudas se puede afirmar lo mismo de este hermano que abrazó su mismo estilo evangélico de caminar la vida. En el mismo sermón, exhorta con firmeza al auditorio: “… reflexionen, señores, que no hay variedad sin inmovilidad… ¿Serían ustedes mismos capaces de progresar, habría en ustedes el placer de la variedad, y les pertenecería toda riqueza de su ser, si no hubiera algo estable y permanente que reúna en torno suyo el universo entero y lo explote?”… y unos renglones más adelante: “…no rechazo modificaciones en las leyes por sus órganos competentes; los tiempos, las circunstancias, el interés común tal vez lo reclaman; pero si es para ensanchar la órbita de nuestra libertad, por contemporizar intereses particulares cualesquiera, fácil es prever la eterna dominación de dos monstruos en nuestro suelo: anarquía y despotismo.”

Hoy diríamos que no hay verdadera riqueza en la diversidad, sin una honda conciencia de la unidad. Desde esta conciencia la diversidad es riqueza, de lo contrario se convierte en la excusa
constante para el enfrentamiento y la división. No deja de llamar la atención en un hombre de iglesia del siglo XIX, la capacidad de ver en el corazón del error, la fuerza para para el bien. Después de enumerar las sangrientas luchas por el poder que multiplicaban el sufrimiento del pueblo, cuestiona y acompaña la manera de desentrañar lo positivo en el fondo de la aparente maldad, el oro que brilla más allá del lodo y afirma: “Ahora bien, señores: esto es nuestra historia, ¿de dónde nace? ¿Acaso falta en nosotros algún elemento de orden y vida social? los individuos que integramos la república o el suelo donde vivimos, ¿tienen algún obstáculo para elevarse a nación compacta y subsistente? ¿Faltan ideas, principios, fuerza? nada falta, señores, sobra; y sus mismos choques y lo espantoso de sus trastornos lo demuestran. ¿Cómo nos agitaríamos horriblemente si no hubiera vida y pujante energía? ¿cómo hubiera sido tan ardoroso el voto por la constitución si no hubiese honor y principios? luego para explotar todo esto socialmente, no necesitamos ninguna importación, sino contener y ordenar las fuerzas, trazar alrededor de los pueblos como los individuos una línea insalvable: si la ley cede un punto a nuestros embates, si no es un baluarte innoble, la sociedad pierde terreno, el interés individual adelanta…”

El horizonte es señalado por el bien común como la encarnación social del amor fraterno; seguramente ilumina esta defensa su vocación franciscana a reconocer en todos a un hermano, con un
mismo origen e igualdad de derechos. No vale la pena abundar más en palabras, demos lugar a la posibilidad de detenernos y contemplar lo que se nos ha regalado en la vida de este Hermano catamarqueño. En aquellos años su palabra y sus acciones encendieron el deseo ardiente de libertad en muchos, a la vez que su escucha silenciosa permitió que el pueblo a él encomendado se sintiese acogido y acompañado. Ojalá hoy nuestros corazones se vuelvan tan deseosos y acogedores como el suyo. Recto, humilde, inteligente y centrado en el bien de todos, pastor incansable y austero, Fr Mamerto Esquiú ofm es reconocido como un prócer en la conformación de la Nación y como modelo de evangelización de un pueblo que nacía.

Junto a la Orden de Hermanos Menores, y como Provincia hermana de Argentina, nos unimos al gozo de la Iglesia, de la Provincia franciscana de la Asunción y a toda la Familia Franciscana en esta celebración, y pedimos que la figura del Beato nos anime a construir una patria de Hermanos.
Un abrazo,

fr. Daniel Fleitas ofm
Ministro Provincial – Provincia San Francisco Solano

 

Alvear 620 – 5800 RÍO CUARTO – Córdoba – Argentina
Tel.: +54.358.4647503 secretarioprovincialsolano@gmail.com – www.franciscanos.org.ar

Archivo original 

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