“Sacar lo nuevo y lo viejo del tesoro de nuestra casa”

¡Fray Lucho, el humorista, vive la alegría eterna de Dios!

Actualidad

Por Fray Eduardo José Zatti OFM

+ Fr. Luis T. Herrera

En veinte días de lo que va del nuevo año es el segundo hermano que nos lleva la Hermana Muerte. Efectivamente, el 21 de Enero falleció en Corrientes el Padre Lucho tras una breve internación en el Sanatorio de Cardiología. Fue por una afección cardíaca. Un hermano de la casa comentó que ese mismo día desde la mañana a la tarde se mostraba muy risueño y conversador, comentando anécdotas de su vida; cosa que no solía hacer, ¿Se estaría despidiendo?

Al enterarme de su deceso, en seguida me recordé de un hecho poco afortunado que tuvimos en un recreo en San Antonio de Padua. Estábamos bajando por una escalera; y Lucho con su humor de siempre me dio una palmada en la espalda que me hizo caer los lentes, y se me rompieron. Pero, fue una desgracia con suerte; pues según mi oculista ya tenía que cambiar de dioptrías. Lucho quedó más tranquilo. Así como este y otros hechos similares, que trataré de recordar nos harán pensar en el Fray Junípero de las Florecillas. Efectivamente, fue siempre humorista y hasta diríamos pintoresco. Fue querido por los hermanos de la casa y gente del lugar.

Semblanza

Fr. Luis Teófilo Herrera, hijo de Segundo Herrera y Julia Moya había nacido en El Rodeo, Catamarca, el 1 de Enero de 1940.
Como fray Mamerto Esquiú, siendo niño ingresa al Postulantado de Catamarca; después lo continuaría en Córdoba y por último en Paso del Rey.

En Catamarca hará su año de Noviciado y su Primera Profesión el 17 de Enero de 1959. Luego en San Antonio de Padua cursará todos los estudios de Filosofía y Teología. Concluidos éstos es enviado a La Rioja. Allí después de un año de pastoral recibe la Ordenación Sacerdotal el 25 de Septiembre de 1966. A partir de entonces tendrá su servicio pastoral en muchas casas y parroquias: además de La Rioja, Santiago del Estero, Catamarca (también en misiones rurales y al Norte de Santa Fe con los hermanos de la Provincia de San Miguel), Tucumán, Buenos Aires y Paso del Rey. Últimamente, Corrientes por razones de su salud. En casi todas las parroquias actuó de Vicario; pero en San Cayetano de Ciudad Evita, fue Párroco.

Como en casi todos los lugares había Capillas y Comunidades distantes que atender; Fray Lucho aprendió a manejar el auto; aunque diríamos que nunca aprendió bien del todo. De hecho, tuvo varios accidentes, algunos leves; pero uno fue muy grave, cuando volvía para Catamarca bajando por la Cuesta del Ancasti. Iba acompañado por su madre y un hermano. Se desbarranco; y fue tan grave que su madre falleció en el acto; Lucho y su hermano sufrieron contusiones de consideración y algunas fracturas. Pero después de un tiempo de internación se fueron recuperando. Mucho tiempo después Lucho se entera de la muerte de su madre y le tiene que haber impactado mucho. Con todo él siempre siguió con serenidad y en paz. Parecía que desde el corazón se la había entregado al Señor (¡Cómo no comprender alguna fragilidad!) y así, asido de la mano de Jesús obtiene la gracia de la perseverancia final.

Varios testimonios de las distintas comunidades a quienes sirvió en la pastoral lo recuerdan como un buen confesor y siempre dedicado a la atención de los enfermos graves; y a los responsos, servicios que nunca posponía. Nunca estuvo a cargo de colegios; sin embargo, fue muy querido por los alumnos y docentes de los colegios de Paso del Rey, de Santiago del Estero y otros; a donde solía visitarlos en los recreos con el solo apostolado de la simple presencia. Aunque no faltaban-con los chicos- unos cortos partidos de futbol. En Paso del Rey (amén de cultivar una linda huerta para la casa) en la pastoral, gustaba de atender las Capillas periféricas como la del Sagrado Corazón del B° Cascallares y la de Santa María de los Ángeles de B° Villa Salas; y también se dedicó a la atención de una Comunidad de Gitanos (tenían su carpa en los fondos de Moreno).

Su devoción a la Santísima Virgen del Valle fue un tanto reservada; pero a veces se hacía notar. Una catequista de Santiago del Estero me contó el siguiente hecho que le ocurrió a ella. Estaba el Padre Lucho sentado en las gradas de la Iglesia de San Francisco, rezando el rosario; al verla pasar la invita a continuar el rosario con él. Así lo hicieron. Y al final, el padre Lucho le regaló su rosario, al saber que ella no tenía.

Cabe recordar, además, que Fray Lucho tenía buena voz para el canto. Así que él, generalmente en las misas, no solo solía cantar las partes propias del sacerdote; sino también los cantos del Coro. Así cuando no había coro, él iniciaba los cantos y todos le seguían.
Como vimos casi todas las casas de la Provincia conocieron el talante y la jovialidad de Fray Lucho.

Última Morada
Ocurrida la muerte de Fray Lucho en el Sanatorio de Cardiología, al día siguiente, se celebró la misa exequial en el Convento de Corrientes; la cual, debido a la restricción por la cuarentena, fue oficiada en el Oratorio de la Fraternidad. Fue presidida por el Guardián Fray Sebastián Robledo y participada por todos los hermanos de la casa. Concluida la misma y antes del responso final, cada uno de los hermanos expresó unas sentidas palabras fraternas de despedida.
¡Fray Lucho, vive la alegría eterna de Dios!

 

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