“Sacar lo nuevo y lo viejo del tesoro de nuestra casa”

Sesenta años partiendo el Pan: Fray Eligio Bazán celebró sus bodas de diamante sacerdotales

Actualidad

La fraternidad franciscana de Catamarca acompañó a Fray Eligio en una Eucaristía de acción de gracias junto a su familia, la comunidad y frailes de distintas fraternidades de la Provincia.

El jueves 22 de octubre, exactamente sesenta años después de su ordenación, Fray Eligio Bazán celebró sus bodas de diamante sacerdotales en Catamarca, su tierra natal. Lo acompañaron su familia, hermanos, sobrinos y amigos, la comunidad cristiana y frailes llegados desde las fraternidades de Santa Fe, Santiago del Estero y San Antonio de Arredondo.

Una Eucaristía de acción de gracias

Fray Eligio presidió la Misa de acción de gracias, que contó con la presencia de monseñor Luis Urbanc, obispo de Catamarca, de sacerdotes amigos y de numerosos fieles que quisieron estar cerca de él en un día tan significativo.

El fuego y el pan

La homilía estuvo a cargo de Fray Eduardo Zatti, que partió del Evangelio del día: Jesús que viene a traer fuego a la tierra, el fuego del amor de Dios que enciende y transforma el corazón. Desde esa imagen recorrió la historia vocacional de Fray Eligio, un llamado temprano, como el del profeta Samuel, los años de formación, el noviciado y el acompañamiento de sus superiores, hasta el 22 de octubre de 1966, cuando monseñor Miguel Raspanti le impuso las manos. Con la carta a los Hebreos, recordó que el sacerdote es tomado de entre los hombres y constituido para servirlos en lo que se refiere a Dios.

El momento más entrañable llegó con un recuerdo de los años de formación en Paso del Rey. Allí Fray Eligio tenía a su cargo repartir el pan de cada día entre los hermanos, cuidando que alcanzara para todos. Fray Eduardo tomó esa tarea como clave de toda su vida sacerdotal: compartir el pan cotidiano y, sobre todo, el Pan de la Eucaristía, alimento de la vida cristiana.

1966 en San Antonio de Padua.

Formador de generaciones

Su ministerio lo llevó por las fraternidades de Paso del Rey (Buenos Aires), Córdoba capital, San Antonio de Arredondo y Catamarca. En esas comunidades fue, durante más de 25 años, maestro de novicios, acompañando y formando a generaciones de frailes y sacerdotes franciscanos, y por más de una década ejerció como párroco, además de asumir otras responsabilidades pastorales.

Evocando la carta a los Efesios -la anchura, la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo- y en sintonía con el testimonio de san Francisco, Fray Eduardo invitó a mirar la dignidad del ministerio sacerdotal desde la humildad de un Dios que se hace presente bajo las apariencias del pan y del vino. Cerró encomendando la vida y el ministerio de Fray Eligio a la Virgen del Valle, la Morenita de Catamarca.

La mesa compartida

Concluida la Misa, un ágape fraterno reunió a familiares, amigos, fieles y frailes. Fue un tiempo de encuentro, de recuerdos y de alegría sencilla, muy propio de la fraternidad franciscana.

Damos gracias a Dios por la vida y el ministerio de Fray Eligio Bazán. Que el Señor siga sosteniéndolo en su vocación y renovándole cada día la alegría de servir.

¡Paz y Bien!

Fray Arnold Aquino, ofm. Oficina de Comunicación

Una vocación nacida en Mutquín

Eligio tenía 11 años cuando un grupo de franciscanos llegó en misión a Mutquín, su pueblo natal en Catamarca. Una conversación con el padre Leonardo Chayle despertó en él el deseo de abrazar el carisma de Francisco.

Terminó la primaria en la Escuela Padre Ramón de la Quintana y desde entonces siguió el camino de la formación, hasta su ordenación sacerdotal en San Antonio de Padua, Buenos Aires.

Todavía recuerda con emoción su primera misa en Mutquín.

Foto: ordenación sacerdotal en San Antonio de Padua, año 1966. Monseñor Miguel Raspanti.