14 y 15 de mayo | Paraguay, tierra de memoria y fraternidad
La historia del Paraguay guarda una huella franciscana profunda. Mucho antes de la independencia de 1811, los franciscanos acompañaron el nacimiento cultural y social del país: fundaron pueblos, impulsaron reducciones, aprendieron el idioma guaraní y se integraron en la vida de los indígenas, ganándose su confianza sin recurrir a la violencia.
Fray Luis de Bolaños, considerado el gran apóstol franciscano del Río de la Plata, tradujo el catecismo al guaraní, lo que permitió que la enseñanza cristiana llegara a los pueblos indígenas, una traducción aprobada por los Sínodos de 1603 y 1631. Así ayudó a dar forma a comunidades que fueron semilla de la sociedad paraguaya: Altos, Ypané, Guarambaré, Atyrá, Tobatí, Itá, Yaguarón, Caazapá, Yuty y tantos otros pueblos guardan hasta hoy el recuerdo de su paso.

En Asunción. Ese legado sigue vivo en tierra paraguaya, el Convento San Francisco de Asís, sobre la calle Luis Alberto Herrera esquina Caballero, es presencia franciscana en el corazón de la capital.
En Villarrica. El Convento San Antonio de Padua y su Casa Filial.
En Caazapá. Uno de los primeros pueblos fundados por Bolaños mismo, el Convento Fray Juan Bernardo lleva el nombre de uno de los mártires franciscanos del Paraguay.

En las vísperas de la independencia, también hubo religiosos y sacerdotes que acompañaron el nacimiento de la nueva patria y participaron en los primeros pasos de la independencia de Paraguay.
Hoy saludamos especialmente a las fraternidades franciscanas de nuestra Provincia Franciscana de la Asunción que viven y sirven en esta tierra hermosamente marcada por el guaraní, el tereré compartido, la hospitalidad y la devoción popular.
Damos gracias por el pueblo paraguayo, por su memoria, su cultura y su capacidad de sostener la fraternidad.







