Fray J. David Catalán
Director de Ediciones Castañeda
El camino de adentrarse en el estudio de los documentos de archivo conlleva la tarea de descubrir, revelar, quitar el velo de lo confuso y atravesar la espesura que oculta la imagen y la cierra en la oscuridad. Bajo el peso de siglos los manuscritos esperan, estanterías quietas que se van cubriendo con la tierra de años retienen las imágenes que buscan salir de su mudez y decir algo, porque la imagen no es callada e interpela desde su silencio, la imagen tiene voz y grito; verdad e imagen van unidas en esa tarea que lleva a la mirada de lo impreciso a lo claro.
La luz es necesaria para que se forme la imagen.
Abrir un libro de archivo que no ha sido tocado durante años, desatar las cintas de una caja que contiene documentación de siglos es posibilitar el espacio de luz para que la imagen se forme y aparezca. De acuerdo al relato del Génesis lo primero en ser creado fue la luz y en acciones siguientes tomaron figura –imagen- ya en la luz, el agua y las estrellas, el árbol, la flor, el pájaro. Al tratar con los papeles de los archivos franciscanos surgen imágenes, rostros de frailes, mesas de trabajo y estudio habitados de silencio y espíritu, todo es dinámico y vivo; lo escrito se vuelve acción y movimiento, frailes en el camino yendo de un lugar a otro, voces, preguntas que buscan todavía respuesta. La interioridad va quedando grabada por la mano que escribe, la tinta abre un surco para cada letra y palabra… sabe que un día llegará su aliada y aparecerá la imagen, aquello que sólo puede ser escrito con la luz y en la luz.
Por eso Imago, nombre propio y adecuado para la colección de manuscritos de Ediciones Castañeda.