Fray José Agustín Paz. Semblanza +15/8/2020

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Fray José Agustín Paz

+15/8/2020

 

15 de Agosto ¡Fiesta de la Asunción de la Sma. Virgen! Excelsa Patrona nuestra Provincia. Le hablé, por tal motivo al ministro Provincial; y después de darnos los mutuos parabienes, él me dijo tengo otra noticia diferente que comunicarte: hace un par de horas falleció el P. Paz, en Tucumán. ¡Qué gracia haber sido llamado por el Señor en esta fiesta mariana de gran significación escatológica! El deceso ocurrió en la casa de la hermana del P. Paz, Raquel –la Kela– donde se encontraba morando desde hacía unos meses, con la anuencia de los superiores; para que pudiera ser atendido de sus dolencias de Alzheimer, demencia senil y sordera, que le fueron apareciendo en los últimos meses, ya cercano a los 95 años. Era el Decano de la Provincia.

Semblanza:

El Hno. José Agustín Paz había nacido el 10 de Septiembre del Año Santo de 1925, en Pampa Mayo, Dto. Simoca (Tucumán). Fueron sus padres José Simón Paz y Elodia del Carmen Salas. Él fue el quinto entre sus siete hermanos (Honorio, Simona, Ramón, Rafaela, José Simón, Candelaria y Raquel. Esta última fue la que lo acompaño hasta que de su sueño temporal despertara a la alegría eterna de Dios.

Los Hnos Franciscanos del Convento de Tucumán solían ir a misionar, cada año a Simoca y zonas aledañas. Al escuchar a esos fervorosos misioneros, le entusiasmó tanto a José, que antes de terminar la secundaria –con 17 años- decide seguir los pasos de san Francisco. Ingresa primero al postulantado de Tucumán. Después al de Córdoba y por último, va a terminarlo en el de Paso del Rey. De allí para el Noviciado en La Plata (Bs. As.), donde tiene lugar la ceremonia de la Toma de Hábito el 19 de Febrero de 1948. Allí mismo emitiría su primera profesión el 20 de Febrero de 1949. Y la solemne, el 26 de Marzo de 1952, San Antonio de Padua, donde cursaría todos sus estudios filosóficos y teológicos. También allí recibe la ordenación sacerdotal el 19 de Diciembre de 1953, de manos de Mons. Tomás Aspe OFM.

Docente y Pastor:

Por muchos años fue docente en colegios secundarios dentro y fuera de la Orden, en nuestras casas de Formación de Paso del Rey y San Antonio de Padua, y en el Seminario Diocesano de Tucumán. Por eso se empeñó siempre en perfeccionar su formación académica; obteniendo amén de la licenciatura en Teología, el profesorado en Historia; en Filosofía y Pedagogía; además de estudios Diferenciales en la Universidad Católica de Chile. Sus clases eran interesantes y amenas. Me acuerdo que en Lógica; entre silogismo y silogismo insertaba alguna secuencia de Teología con frases de San Buenaventura y Escoto.

Sus ex – alumnos del Seminario de Tucumán, cuando vieron que el P. Paz volvía al convento, después de unos 20 años – ellos ya sacerdotes- encontraron en él un amigo, un acompañante espiritual, un confesor.

Fue, además Representante legal de varios Colegios de nuestras casas. Pero, sobre todo lo que le encomendó la obediencia fue ser pastor de varias comunidades ya sea como Párroco o Vicario parroquial en varias parroquias de la Provincia y en algunas fue párroco más de una vez, como en La Plata (en 1980 y en 1993) En otras, además de la atención pastoral hubo de acompañar la construcción de obras; como en la San Pío X, de San Antonio de Padua; la actual iglesia parroquial. En San Antonio de Arredondo; la Capilla de Tala Huasi, etc. Por todos  estos oficios le tocó ser morador de las casas de Tucumán, Córdoba, La Rioja, Corrientes, Mendoza, San Antonio de Arredondo, Fr. Mamerto Esquiú y Santiago del Estero.

Siendo guardián de Catamarca, y no sólo, sino antes y también después, fomentó mucho la devoción a la Sma. Virgen del Valle; y a las obras por la intensificación de la Causa de Canonización de Fr. Mamerto Esquiú.

Dos Anécdotas a modo de Epílogo

Estas dos anécdotas no las supe por comentarios, sino por haberlas escuchado del mismo P. Paz y sin pretenderlo él, me revelaba la nobleza de su espíritu. Cuando el P. Paz, en su mocedad, fue guardián del convento de Bs As. , se encontró con que solo el guardián y el hermano portero tenían la llave de la puerta de entrada del convento. De modo que cuando un hermano tuviera que salir o entrar fuera de los horarios convenidos debía depender del Hno portero para que le abriera la puerta. Esto puede causarnos hoy una cierta hilaridad, pero era lo norma en los conventos bien formados. Pues bien, Fr. José en el primer capítulo conventual entrego una llave de la puerta de calle a cada uno de los hermanos. Todos la recibieron con sorpresa y gratitud. Era a mediados de la década del 60. Se empezaba a respirar el aura del posconcilio. Fue un guardián que confiaba en la libertad de los hermanos.

 

La otra fue en unos ejercicios espirituales en San Antonio de Arredondo. El P. Paz me llevó aparte y me dijo un secreto no ocultando la alegría de su espíritu. Sabes una cosa entre los frailes que estamos aquí sé de un hermano, curita como yo (cuyo nombre se reservó “in péctore”) se había enojado con los superiores y se fue del convento para ya no volver. Cuando lo supe, me decía el P. Paz, lo busqué, lo encontré, le hablé y volvió. ¡Qué bien, Bendito sea Dios, ¡Qué triunfo de la gracia! ¿Vos eras el guardián?, le pregunté. No, nada, me dijo. Más me alegré. Porque esto se puede decir y escribir muy rápido. Pero, después pensé cuanto lo habrá rezado, habrá tenido que superar resistencias interiores, tolerar y escuchar con paciencia las razones (o no) del hermano, etc. ¡Qué lindo que haya hermanos que sigan sintiéndose menores y servidores, aún de los que aptaren por salir de nuestras casas.

Simoca, su terruño:

Efectivamente, Simoca fue la morada de la niñez y adolescencia del P. Paz; después iba de visita cada tanto; de manera especial tuvo que volver en 2013 – cumplía 60 años de sacerdocio – para recibir el Diploma de “Ciudadano Ilustre”, que le otorgaba el gobierno municipal. Finalmente, en los últimos meses de su última senectud volvió a morar a Simoca como a su hábitat natural. Y sería también la tierra que recibiría sus restos mortales en la necrópolis local. Así nos narró Fr. Carlos Galván (también simóquense y el único religioso que pudo estar presente debido a las restricciones por la cuarentena del COVID-19) y el P. Álvarez, ex párroco del lugar y muy querido del P. Paz, ambos orientaron las oraciones de práctica.

Fr. José Paz vive en la paz de Dios e intercede ante Él para que envíe nuevas vocaciones a nuestra Provincia.