“Sacar lo nuevo y lo viejo del tesoro de nuestra casa”

Testimonio «Más allá de nuestras propias fronteras»

Actualidad

Fr. Sergio Soria OFM (Japo)

Venir a Paraguay no fue solamente una cuestión de cambio de fraternidad, sino un llamado que sentí ya desde antes de ir a Lambaré (Asunción). Y allí, fue como que se intensificó, se hizo más profundo. Lo cual, tiene que ver con el vínculo que había experimentado con los hermanos paraguayos (especialmente entre el 2009-2013), período que estuve en la formación.

Me impactó mucho la devoción que ellos manifestaban y la manera en que expresaban sus experiencias, sus puntos de vista, tan diferentes; sus silencios, la manera en que valoraban su tierra e idioma, y el cariño recibido de muchos de ellos. Mi experiencia fue al principio más una cuestión de aprendizaje y adaptación, pero luego viró hacia algo más existencial y de compartir la vida, afectiva. Con el tiempo me descubrí muy cercano a ellos.

Cuando fue la integración formal de las tres entidades, opté por tratar de abrirme a los nuevos vínculos, sin dejar de reconocer y enfrentarme a mis propias limitaciones y cerrazones. Actualmente me siento bien, “me hallo”. Realmente disfruto de lo que vivo con los hermanos (tanto con los de Villarrica como los de Asunción). Ya había vivido antes con Marcelino, Tomás, Fredy y Arnold.

En cuanto a los fieles, Villarrica es muy especial. Aquí se abre para mí una brecha mayor que con los frailes, ya que los puntos de vista con los villarriqueños parecen ser más distantes. Es una sociedad mayormente tradicional en cuanto a lo religioso, con una impronta clerical importante, una devoción popular fuerte y variada. Hay que ir de abajo, intentando generar o no diversos espacios, pero siendo consciente de que se está ante otra cultura.

No he parado de asombrarme, ¡especialmente de mi ignorancia! Por otro lado, el que “pertenezca” al grupo de los pa´i como muchos nos llaman, hace que bastantes personas se acerquen, tanto del ámbito civil, como del religioso. Allí trato de capitalizar esto para favorecer los vínculos desde el punto de vista fraterno o sinodal, como muchos dirían. Es todo un desafío esta parte.

 

Experiencia en guaraní 

Voy buscando cierto equilibrio, me voy insertando de a poco (pero no solo). Si bien acá son bilingües, conocer el guaraní es determinante, especialmente en zonas de tierra más adentro como Caazapá (Jahapety, Capillita,etc.). Cada lugar es un mundo.

Ir aprendiendo es novedoso para mí, ya que no pensaba, a mis 47 años, acercarme a una lengua nueva. Me encuentro con las dificultades del idioma y también mis conflictos, pero no dejo de persistir. Voy teniendo logros.

La profe de guaraní es exigente conmigo…pero también me tiene misericordia. Si uno se pregunta si hablo guaraní la respuesta es no. Puedo decir palabras, algunas frases, y voy comprendiendo algunos contextos cuando habla la gente. El ir accediendo al idioma hace que pueda descubrir con un poco más de claridad la idiosincrasia de esta hermosa cultura, además de que la gente, como que te mete en su círculo de amistad. Son súper expresivos, alegres, afectivos, festivos y muy cordiales.

Nunca me pregunté mucho, aunque sí teoricé, sobre como haríamos para convivir tres entidades tan diferentes. Sin embargo, ahora que vivo en esta tierra, me doy cuenta de que estar a acá es crucial para la integración, pero no lo único. En definitiva, la poca teorización que hice sobre el cómo nos integraríamos, fue cuestionada por la realidad de mis propias vivencias.

Ojalá podamos continuar optando por la presencia fraterna más allá de nuestras propias fronteras. La casa de misión puede ser una posibilidad para ello. Un abrazo grande.

 

 

En el cierre del año dedicado al Beato Esquiú se destacó su figura como pastor, peregrino y artífice de la unidad

«El Señor les de la Paz»

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