Participación de Fray Sebastián Robledo OFM en el Sínodo para la Amazonía.

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Fray Sebastián Robledo nos comparte su experiencia en el sínodo para la Amazonía, recientemente celebrado en Roma.

1. Mi sentir
Antes que nada quiero compartirles lo siguiente: el día en que me llegó la invitación a participar del Sínodo fue un momento de mucha emoción. Recién había regresado de Manaos, donde había participado de un Fórum organizado por la familia franciscana del Brasil para reflexionar la realidad amazónica desde el carisma. Formar parte de una instancia eclesial de semejante magnitud y tal vez único (no creo que se celebre otro sínodo amazónico), no cabe otra cosa que reconocer un gran regalo y privilegio poder estar presente allí. Soy consciente que mi presencia en el Sínodo no se compara con aquellos misioneros/as que llevan muchísimos años dando su vida en esa región del planeta, sin embargo lo poco que pude vivir (y espero que pueda volver pronto junto al Pueblo Munduruku) me ha ayudado a involucrarme con esa realidad. Conmigo fueron una gran cantidad de rostros indígenas que he conocido, los frailes con quienes he vivido y las hermanas que tanto me han enseñado de la misión.

2. Una síntesis del camino
Durante los días 06 al 27 de octubre de 2019, se celebró en Roma la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la región Panamazónica bajo el lema “Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”.
Participamos de este Sínodo un total de 283 miembros (obispos de la región Panamazónica, representantes de dicasterios de la Curia Romana, miembros de nómina Pontificia, representantes de la unión de Superiores Mayores, miembros el consejo pre sinodal, expertos, auditores), de los cuales 186 fuimos técnicamente “Padres Sinodales”. En mi caso tocó hospedarme en la Curia General de los jesuitas a pocos metros del Vaticano. El Sínodo comenzó con la Eucaristía de apertura en la Basílica Vaticana el domingo 06 por la mañana. El día lunes a los pies del altar de la Confesión nos reunimos los padres sinodales junto a los participantes del evento simultáneo al Sínodo llamado “Casa Común”, que se dedicó a reflexionar diversas realidades de la Amazonía. Realizando una procesión muy significativa nos dirigimos al aula sinodal para comenzar tres intensas semanas de trabajos. Durante la primer semana y media nos dedicamos a oír las intervenciones en el aula de cada padre sinodal. Dichas intervenciones estaban referidas a algún punto del Instrumentum Laboris (IL) que se deseaba comentar.
Vale señalar que lo que nos llegó como “Instrumento de trabajo” fue el resultado desde contextos muy concretos (en nuestro caso la Amazonía), puso sobre la mesa lo que me animo a llamar “principio teológico pastoral” del Papa Francisco: el centro se encuentra en la periferia, dicho de otra manera, la periferia tiene mucho que decir a la Iglesia, o más, se es Iglesia desde la periferia… En términos amazónicos podemos decir que en lugar de “eclesializar” la Amazonía, el gran desafío (y por cierto muy novedoso) es “amazonizar” la Iglesia y el mundo. El concepto que unifica el documento final, muy antiguo pero con una interpelación muy vigente, será el hilo conductor para encontrar nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral: conversión. Son cuatro realidades (por cierto muy amplias y complejas) en las que nos demandamos a la conversión: pastoral, cultural, ecológica y sinodal. En cuanto a la conversión pastoral subrayo los desafíos de crecer como Iglesia samaritana, misericordiosa, solidaria, en diálogo, que acompaña a los pueblos amazónicos (urbanos, ribereños, indígenas). En cuanto a la conversión cultural destaco el esfuerzo por crecer en una Iglesia inculturada, presente, aliada y con rostro amazónico. En cuanto a la conversión ecológica recalco la búsqueda de ser Iglesia que cuide la “casa común”, profética y esperanzadora. Con respecto a la conversión sinodal señalo la importancia de crecer en la sinodalidad misionera bajo la guía del Espíritu, dando lugar a los nuevos ministerios que expresan un estilo sinodal de vivir en la región amazónica.

4. Algunos rostros del camino
Tania, Carlos, César, Mauricio, Inés… Fueron muchos los testimonios que dentro y fuera de la sala sinodal me hicieron vibrar y reelaborar mis propias motivaciones misioneras. Laicos/as, presbíteros, religiosos/as, obispos, pero sobre todo la voz de dos mujeres indígenas han sembrado muchos interrogantes en mi corazón. Quiera Dios que pueda decantar poco a poco todo lo recibido.

5. Los hermanos
Tuve tiempo de encontrarme con Julio Bunader en la Curia General y con Carlos Salto en el Antonianum (y en algunas pizzerías). Como así también compartir la vida con Mons. Oscar Ojea (los argentinos presentes en el sínodo celebramos su cumpleaños almorzando juntos), Mons. Ángel Macín y otros… “Caminar juntos”, esto significa Sínodo, hace que necesites del otro para cotejar impresiones, dejarse contener en la emociones, discernir, y sobre todo juntos, hacer presente a Jesús que camina con nosotros.

6. Una yapa
Debo reconocer que he tenido “empacho de San Pedro”, ya que los cuatro domingos que estuve en Roma, tuve la dicha de concelebrar con el Para Francisco en San Pedro (incluida las canonizaciones del domingo 13/10). Como así también, aprovechando la compañía de un jesuita (valga el juego de palabras) colombiano, visitamos Asís en uno de los días libres, donde la sufrida comisión redactora nos preparaba la documentación.

Culmino agradeciendo al buen Padre del Cielo por regalarme este momento que configura mi discipulado. Agradezco al Papa Francisco por tenerme en cuenta.
Agradezco a mis frailes que permitieron mi ausencia de Corrientes por un mes. Y agradezco al Pueblo de Dios que me acompañó con su cariño y oración.

Fr. Sebastián Robledo, ofm

Intervención en el aula sinodal (14-10-2019)
(Con relación al n° 129d del Instrumentum Laboris)

El papel de la vida consagrada con relación a los Pueblos Indígenas

1. Desde los comienzos de la colonización de la Amazonía, la vida religiosa siempre tuvo un papel destacado en la obra de la evangelización de los pueblos amazónicos. Llegaron hasta los más distantes e inhóspitos rincones. Miles de consagrados, con idealismo y empeño, gastaron sus energías y entusiasmo de juventud por la causa del Reino. Muchos incluso sacrificaron la salud y hasta la propia vida para que Jesús fuese anunciado como Salvador y Redentor. Sin la acción de los religiosos/as, la Iglesia en la Amazonía no sería lo que es hoy. Pero si los consagrados pueden enorgullecerse de su actuación misionera tanto en el pasado como en el presente, se debe reconocer que hay en algunas congregaciones un debilitamiento en el ardor misionero, principalmente por parte de los más jóvenes, que no están comprometiéndose y dejan el trabajo para los más ancianos. La consecuencia es que varias misiones se están abandonando. Hay una visible disminución de comunidades estables/permanentes de religiosos/as en las aldeas indígenas. Por ejemplo, en el Estado de Pará-Brasil, en este momento sólo existen dos misiones con religiosos/as viviendo en las aldeas indígenas. Es notable que se está pasando de “ser presencia” para “ser visita”.

2. Teniendo en vista pasar de una “pastoral de visita” a una “pastoral de presencia”, las congregaciones de religiosos de América del Sur, que todavía no estén involucradas con alguna misión indígena, deberían hacer un esfuerzo de fundar por lo menos un frente misionero en cualquier país de la Pan Amazonía.

3. Es de fundamental importancia que las congregaciones religiosas vuelvan a fundar comunidades misioneras en las aldeas indígenas, destinando consagrados permanentes (sin andar cambiando cada tres años), para que puedan aprender la lengua, insertarse por entero en la cultura y evangelizar con eficacia. Los religiosas/as deben darse con disponibilidad para compartir la vida local con corazón, cabeza y manos.

4. Es importante que sean destinados para la Amazonía solamente religiosas/as que hagan una verdadera opción por el trabajo en esta región y reciban una formación adecuada.

5. Los religiosas/as que opten por la Amazonía deben llegar con el corazón desapegado y libre de modelos, recetas, esquemas, y estructuras predefinidas, para que puedan insertarse en la realidad
local con sus exigencias, como por ejemplo: aprender la lengua nativa, sus culturas, sus tradiciones y sabiduría, sus cosmologías y mitologías.

6. Las congregaciones que tienen presencia en la Amazonía, deberían incluir en los procesos formativos la preocupación con la interculturalidad, la inculturación y el diálogo entre espiritualidades y cosmovisiones indígenas.

7. Debe ser propuesta una vida consagrada alternativa y profética, Inter congregacional, interinstitucional, y con un fuerte sentido de disposición para estar donde nadie quiere estar.