Misión Franciscana en la Amazonia

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resize_image (16)Del 5 al 30 de enero de 2015, se realizó en Orellana, del rio Ucayali, Vicariato Apostólico de Requena, en Loreto, Perú, la tercera experiencia misionera en la Amazonía, promovida por la fraternidad del Proyecto Amazonía

Participaron de la experiencia 29 misioneros, 8 hermanos y hermanas de Brasil, 5 de Argentina, 1 de Paraguay, 1 de Ecuador, 1 de Mèxico, y 11 de Perú, acompañados por los dos hermanos de la fraternidad de Orellana. Los misioneros fueron 13 frailes, 1 religiosa y quince laicos, de los cuales 4 son de la OFS. De los frailes, 5 están en el período de formación. Del total, 12 fueron mujeres y 17 varones.

Hablamos de “Experiencia” porque la invitación fue exactamente para “realizar una experiencia misionera en la Amazonía, y tomar contacto con una realidad amazónica local”. El primer objetivo era “ofrecer a los hermanos y hermanas la posibilidad de una experiencia misionera en la Amazonía”, destinada especialmente a quien no conocía la región, y no deja de ser una oportunidad para un discernimiento vocacional para ser misioneros más allá de las fronteras.

La experiencia comenzó en Pucalpa, punto de encuentro de los misioneros ya que allí está el aeropuerto mas cercano, aunque también se puede llegar por carretera, y por ese medio llega la mayoría de los alimentos para toda la selva baja del Perú. A partir de Pucalpa ya no hay carreteras y solo hay transporte fluvial. El viaje por el río fue el primer contacto de los misioneros con la realidad amazónica. Tuvieron que esperar dos días para la salida de la lancha. A pesar de estar convenida la fecha del zarpe, se debió esperar que se complete la carga, y así los pasajeros pasan a ser una carga más, viajan sin ninguna comodidad, en hamacas, no tienen derechos y la seguridad es escasa. El viaje es unas 30 hs para una distancia de 180 km. Viajar en la Amazonía es un buen ejercicio para la paciencia, ya que todo se retarda por las paradas para la carga y descarga de los productos.

Orellana está ubicada en la margen izquierda del rio Ucayali. Con 78 años de emancipación política, es en la actualidad capital de Distrito, es una pequeña población de unos 8000 habitantes, con características similares a los pueblos de de la selva. Tiene 6 barrios, un comercio básico, muy pocas calles pavimentadas, muy pocos servicios: energía eléctrica solo 5 horas, un hospital pequeño, escuelas de novel inicial, primario y secundario, se acaba de cerrar una extensión universitaria, telefonía fija solo pública, telefonía móvil muy precaria, y en este tiempo sin servicio público de internet, solo el hospital y una escuela lo tienen para tareas internas de la institución. El pueblo vive básicamente de la agricultura de subsistencia y de la pesca. El centro vital de la ciudad es el mercado, cada amanecer, casi como un ritual sagrado diario, gran parte de los pobladores acuden allí, la mayoría para comprar lo necesario para la jornada, un buen grupo para ofrecer sus productos de la chacra o del río, y muchos para visitar y hacer vida social.

La Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, además del centro urbano con la Iglesia matriz y dos capillas en los barrios, tiene unos 30 pueblos ribereños o caseríos. Cuenta con una fraternidad de Hermanas Franciscanas de la Natividad de la Virgen, y desde hace dos años con dos hermanos del Proyecto Amazonía. Un religioso español fue misionero por 50 años, hasta su muerte a los 82 años en diciembre del 2010. Luego de su muerte y por dos años no hubo presencia de sacerdote estable. En los últimos años ya no visitaba los caseríos, quedando esa presencia misionera confiada a una hermana y a los laicos que le acompañan con regularidad.

Qué hicieron los misioneros?

La misión propiamente fue del 11 al 25 de enero, con apertura y clausura en la misa dominical. Los días previos fueron para el viaje en lancha, la acogida y ubicación en la casa de los hermanos, la organización y puesta a punto para comenzar la misión con una planificación de la vida en fraternidad y misionera. Conformamos 6 fraternidades integrando hermanas y hermanos de los distintos países, mujeres y varones, según la vocación específica de cada uno. La dimensión orante y celebrativa ha estado muy cuidada en todos los momentos de la experiencia. Las jornadas finales las dedicamos para la evaluación, el viaje de regreso a Pucalpa, de 56 horas y la despedida a cada misionero que nos acompañó durante la experiencia.

La programación tuvo dos momentos distintos: la primera semana foi la misión en la ciudad, y la segunda en los caseríos de la ribera. De ese modo, todos los misioneros tuvieron la oportunidad de vivir las dos experiencias. Cada fraternidad realizó la misión en un barrio, con una programación muy sencilla: durante el dìa se visitaron las familias, las instituciones públicas y los comercios, y por la noche se realizaban encuentros de formación y estudio bíblico. Las visitas fueron acompañadas por misioneros locales, de los propios barrios. Los niños siempre fueron el número mayor y demandaron una programación especial y más energías y creatividad de los misioneros. El contenido de las catequesis ya estaba previsto con un subsidio temático y un encuentro diario de los misioneros para el estdio de tema de cada dìa. La secuencia de los temas tenía como aobjetivo “animar la vida cristiana”, “despertar y promover nuevos loidaerazgos comunitarios, y, a largo plazo, “crear comunidades eclesiales de base” en los barrios. Para concluir la semana, el sábado, se realizaron tres encuentros uniendo a todos los barrios, ujno con niños, otro con jóvenes y el tercero con adultos. El domingo la celebración se realizó en todos los barrios, en los mismos lugares donde se vivieron los encuentros de formación.

La segunda semana, las mismas fraternidades, se dirigieron a diferentes zonas para visitar los pueblos y caseríos de la ribera. La temática fue la misma, pero la dinámica y la programación se adaptò a cada realidad. El tiempo de permanencia fue de uno a cinco días, dependiendo de las circunstancias y del número de habitantes. Algunos caseríos tienen pocas familias, con menos de 100 habitantes, otros son verdaderos pueblos con más de 2000 habitantes. La mayoría de los pueblos tienen animadores, otros no, en algunos son todos católicos y en otros hay mayoría de evangélicos. Algunos reciben viditas con frecuencia, otros no reciben misioneros hace mucho tiempo, y otros nunca antes habían recibido la misioneros. Un caso especial es un pueblo alejado de la margen del río, y para llegar fueron necesarias unas 3 horas de caminada, co barro arcilloso y bajo una intensa lluvia, y lo mismo al regreso; todo fue compensado por la fraterna acogida y la animada participación de las familias.

Qué se llevan los misioneros?

El impacto de la realidad y la riqueza de la experiencia. La realidad externa es diferente: lugar, transporte, comida, clima, arquitectura, el pueblo, la exuberancia, abundancia y variedad de la naturaleza; la falta de energía eléctrica, de internet, de celular, de instalaciones confortables, no llegaron a ser un problema. Los misioneros tuvieron la oportunidad de contemplar la exuberancia de la selva, la grandeza de los ríos, la oscuridad de la noche, el brillo de las estrellas, la sinfonía de vegetación, el colorido dado por el sol, la poesía de la luna en la noche, y también pudieron sentir el ardor del sol picante, la intensidad de las lluvia, el esfuerzo para andar en el barro, la inseguridad y el temor ante lo desconocido, los viajes en canoa, la preocupación por las ratas y serpientes, las picaduras de mosquitos y otros insectos. Sin embargo, nada de eso disminuyo la alegría y el entusiasmo. Fue característico el clima festivo, de risas y bromas, en una convivencia fraterna saludable y espontánea.

Para avalar lo dicho, nada mejor que los testimonios de los misioneros: “Estoy muy contento por ver”, “fue la experiencia más rica de mi vida”, “una misión muy viva para mí, mucho aprendizaje, increíble, una gracias de Dios”, •tuvimos el privilegio de conocer lo que otros no conocieron”, “realicé un sueño, crecí un poco”, “todos nos recibieron muy bien, pudimos compartir la convivencia y el trabajo”, “Es una realidad nueva que se abre para mí”, “Vi un pueblo pobre, sufrido, pero con alegría de vivir”, “aquí logran vivir con poco, nosotros tenemos más de lo que necesitamos”, “me marcó mucho el abrazo de una niña”, “la convivencia ha sido muy bonita”, “vivir la misión es un regalo de Dios”, “la misión es un estilo de vida”, “fue un salir, llegué sin conocer nada y me sentí recibido”, “tengo que agradecer todo lo que viví”, “gracias por haberme invitado”, “gracias por todo”.

Lo qué dejaron los misioneros?

Dejan muchas preocupaciones, cuestionamientos y hasta indignación delante de los problemas sociales, ambientales y los desafíos pastorales: “poca participación”, “ausencia en los encuentros, falta de animadores y de catequistas”, “la vida comunitaria no es tenida en cuenta, no existe”, “la pobreza es agresiva, las personas mueren de anemia, las mujeres solo sirven”, •muchos problemas sociales, niños desnutridos, basura en todo lugar”, “las personas sobreviven, no viven”, “cómo hablar de dios a personas que tienen hambre de pan?”, “cómo está nuestra Iglesia?”, “cómo los católicos viven la fe?”, “Mucha indiferencia religiosa”, “nuestro discurso ya no atrae, dónde estamos hablando?”, “si el bautismo en es un evento social, falta muchísima evangelización”, “tenemos que hacer algo más”. La intención no es hacer un diagnóstico, más bien es mostrar algunas reacciones que muestran al mismo tiempo, la realidad social, la fragilidad de la Iglesia y el desafío de la misión en la Amazonía, una tarea de todos los bautizados.

Los misioneros también dejan esperanzas y perspectivas de futuro. Es claro que una misión como esta no resuelve los problemas, no tiene ese objetivo, pero trae un nuevo ánimo y levanta la esperanza. Percibieron que existen muchos signos del Reino en la vida del pueblo, hay un gran potencial comunitario, eclesial, y es preciso invertir y dedicarse, y eso es tarea que debe asumir los equipos de misioneros locales de misioneros. De forma muy breve, la sugerencia que nos dejan los misioneros es: continuar con los estudios bíblicos, fortalecer la pastoral juvenil, formar animadores y catequistas, visitar los caseríos con mas frecuencia.

Una palabra final!

Gracias a los misioneros y misioneras que aceptaron la invitación, se dispusieron y dieron de su tiempo, fueron desprendidos, cambiaron sus vacaciones por misión, se costearon los gastos de viaje, corrieron riesgos de enfermedades, enfrentaron lo desconocido y nos trajeron alegría, vivieron intensa vida fraterna, captaron la simpatía del pueblo, dieron testimonio del Evangelio, anunciaron la buena noticia del Reino de Dios, mostraron un potencial de Iglesia, renovaron las esperanzas.

Muchas gracias, Dios los bendiga.

 

Fr. Atilio Battistuz, OFM

Proyecto Amazonía

fratilio@yahoo.com.br