Consagran el altar del Templo San Francisco de Córdoba.

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Córdoba, Iglesia San Francisco. El 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz las 18:30 hs, el Arzobispo de Córdoba, Mons. Carlos José Ñáñez, consagró el nuevo altar del templo San Francisco de Córdoba. La ceremonia la realizó junto al Obispo Auxiliar, Mons. Pedro Torres. Concelebraron los hnos.: Fray Ariel Amato, guardián y formador, quien ofició como maestro de ceremonia; Fray Jorge David Catalán, vicario de la casa; Fray Sebastián Robledo; Fray Carlos Salto; el diácono Fray Héctor Alberto Álvarez; participó también Fray Ronén Espósito Strauss, procedente de Catamarca, y los hermanos de esta casa de formación:
Fr. Andrés Alarcón; Fr. Arnol David Aquino; Fr. Gastón Domínguez; Fr. Diego Omar Figueroa; Fr. Pablo Matías Pacheco; Fr. Luis Ramón Romero Rivas; Fr. Gabriel Gómez Talabera y Fr. Damián Torrado.
Características del altar: El guardián del convento, Fray Ariel Amato, nos narra que la primera consagración del anterior altar se hizo en 1902 por el Obispo auxiliar de Córdoba, Cabanillas. Ésta, es la segunda consagración, ya que desde el Concilio Vaticano II, casi 53 años que no había altar consagrado. El altar es una estructura de caño, cubierta con placas de mármol de 2 cm ½ de ancho cada una. Este mármol fue traído desde la India y se llama “verde bosque” porque tiene unas nervaduras como si fueran raíces que dan la sensación de sangre derramada. De la India pasó a Italia y de ahí a Córdoba. Se eligió ese mármol porque tenía que ser un altar moderno y que tenga que ver con los colores cromáticos que tiene el templo, colores ocres, verdes, rojo, azul, etc. El altar, adelante, tiene el “escudo de la orden” en bronce, con los brazos de Cristo y de Francisco de Asís con una nubes. En la parte trasera del altar hay un hueco con una urna grande de unos 30 x 40 cm. donde está una de las tres columnas antiguas, que estaban en el altar mayor principal y se sacó una donde estaban las reliquias que une la tapa del altar (la mesa), con el piso y eso es lo que le da al altar fijo, a la usanza antigua. Se quiso conservar esa simbología de un altar a otro, una continuidad. Por dentro, esa urna es de mármol negro y es donde van las cajas de las reliquias con luz led, reliquias para exposición. Las reliquias son de San Pancracio y San Félix y compañeros mártires. San Pancracio era un niño de quince años y San Félix fue un obispo martirizado por el imperio romano en el siglo III.
El altar es cuadrangular, un cubo, donde aparentemente se lo observa como suspendido en el aire. Es por eso que tiene un zócalo entrado en mármol negro que le da el aspecto de estar suspendido. Se eligió un mármol con esas nervaduras de color rojizo, haciendo alusión al altar del Antiguo Testamento que era un sacrificio cruento, y que ahora, nuestras misas son un sacrificio incruento. Están como grabadas en la piedra, el sacrificio de Cristo, si bien –ya no se de sangre –esta es la simbología. El Cristo ahora es sacerdote, altar y víctima. No hace falta ni el sacrificio humano, ni los corderos ni los cabritos.
En otros trabajos complementarios se recicló lo que quedó del piso original de la Iglesia de 1857, que no es el original que era de tejuela. En la década del 60 se sacó todo el piso del templo, y se colocó un piso calcáreo de granito. Se sacaron la tarima de madera, la alfombra antigua que tenía como 50 años y se descubrió que estaba en perfecto estado. Se procedió a limpiar el piso, ya que tenía una costra de 150 años –se lo limpió con jabones especiales, productos químicos y una especie de laca para darle aspecto mate. Luego se le colocó un acrílico para darle aspecto brillante y sellado para que la porosidad no vuelva a absorber la suciedad. El altar quedó muy iluminado, por el piso original. Se pulieron y laquearon los candelabros del altar mayor y los ángeles de bronce de la balustrada. Dos ángeles quedaron en la balustrada y dos en el altar mayor. Dentro de la hornacina antigua a donde está el Cristo Crucificado se volvió a colocar la custodia de plata con el Santísimo, con una “Hostia Magna”, que se abre todos los días, media hora antes de la misa para la adoración. Los frailes rezamos las vísperas en el presbiterio con el Santísimo expuesto. También se pulió y laqueó toda la balustrada y se construyó un ambón de bronce reciclando cosas viejas. También se construyó un ambón para el guía y otro de sede; y una especie de pie con vasija para bautismos. Se construyó un porta cirio de bronce, para el cirio pascual, y un pie para una corona de adviento. Actualmente se está trabajando en la sillería. Los antiguos escaneos de 1848, esos bancos largos rojos se limpiaron y reciclaron todos, recuperando los antiguos terciopelos que ya no se usaban. Esos escaneos eran utilizados antiguamente por las autoridades y quedarán en el altar mayor. Se están reciclando las seis sedes, tres que son de estilo colonial (español) y tres de estilo portugués o lusitano. Se está limpiando y re tapizando la madera vieja, el barniz viejo y laqueándolo. En el templo se colocaron más iluminación, más candelabros, para ello se unificó la iluminación del templo en un solo color porque era muy lúgubre. En la araña principal se colocó luz led. Todo esto le da una atmósfera iluminada en las fiestas y es algo novedoso.
Fueron casi tres meses de trabajo y se pudo realizar gracias a una camarista que donó US$ 7.500- Se respetó la voluntad del donante, ya que esta donación fue para construir este altar.

Fray Ariel Amato ofm,
Guardián del Convento San Francisco de Córdoba.